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Diversos especialistas en energía y cambio climático coincidieron en que Vaca Muerta no solo es central para la producción de petróleo y gas, sino que también puede convertirse en una plataforma clave para desarrollar nuevas energías como el litio y el hidrógeno. El planteo se dio en el conversatorio Escenarios y oportunidades para la transición, durante la tercera edición de Será Sustentable, organizada por el Centro GEO de la UBA.

El exsecretario de Cambio Climático, Rodrigo Rodríguez Tornquist, destacó que Argentina es uno de los pocos países con recursos energéticos del pasado, del presente y del futuro: desde el carbón y los hidrocarburos hasta las renovables, minerales críticos, litio e hidrógeno. Esa diversidad, afirmó, le otorga al país un rol estratégico en la transición energética.

Christian Asinelli, vicepresidente de Programación Estratégica de CAF, remarcó que América Latina tiene abundancia de recursos, talento humano y estabilidad, pero advirtió que solo podrá aprovechar ese potencial desde una lógica de integración regional. La transición, dijo, debe entenderse como una oportunidad compartida.

Los expositores subrayaron que Argentina posee condiciones naturales, tecnológicas y humanas para liderar la transición energética en la región, siempre que logre consolidar una hoja de ruta estable y sostenida. Marcelo Corti, director del Centro GEO, insistió en la necesidad de políticas públicas que trasciendan gobiernos y orienten una transformación “inteligente, sostenible y soberana”.

Además, se enfatizó que la transición no es solo un cambio técnico, sino una estrategia de desarrollo: integrar energía, inclusión social y competitividad. El foro reunió a empresas como Tetra Pak, Veolia, Toyota, Siemens, Aggreko y Genneia, junto a organismos como CAF, OLADE, BIOFIN y el CFI, que aportaron experiencias sobre descarbonización, eficiencia, renovables y financiamiento.

El consenso final fue unánime: Argentina no parte de cero. Tiene recursos, capacidades y capital humano. El desafío es convertir ese potencial en políticas de largo plazo que posicionen a la energía como un motor de desarrollo sostenible y proyección internacional.

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